Los golpes venían de la puerta de calle. Alfredo se dirigió resuelto hacia ella y preguntó con vos firme:
- ¿Quién es? Pero nadie respondió.
Abrió y del otro lado, el zaguán de la vieja casa de Villa del Parque permanecía vacío. Le sorprendió el hecho de que no hubiese nadie ya que los golpes habían sido muy claros.
Volvió al escritorio a continuar con su lectura, pero apenas posó su vista en el libro tratando de encontrar el párrafo donde había interrumpido su lectura, los golpes resonaron nuevamente en la quietud de la noche... Corrió otra vez. En puntillas de pié llegó hasta la puerta, bajó el picaporte muy despacio, y abrió sorpresivamente de un tirón, pero lamentablemente nadie había en el zaguán.
Salió a la calle y corrió hacia la esquina mas cercana, miró hacia ambos lados pero la calle se mostraba desolada en la inhóspita noche.
Pensativo volvió a la casa, al llegar se encontró con que la puerta se había cerrado por acción del viento. Mientras tanteaba sus bolsillos, en busca de las llaves, volvieron a sonar los golpes pero esta vez él estaba del lado de afuera. Otra vez preguntó quien era, con una ya resuelta admisión de su propia locura, puesto que se encontraba sólo en casa y lógicamente nadie estaría allí para responderle desde adentro.
Tomó las llaves, abrió y entró. Se dirigió otra vez al escritorio en busca de su libro, de vuelta cargó con una banqueta que había en el patio y se sentó en el corredor a leer justo detrás de la puerta con el único objeto de no dar tiempo a la in tempestuosa huida de sus indecisos visitantes.
Los golpes retumbaron en el corredor con más fuerza que nunca. Abrió velozmente, y pudo ver como la calle mostraba ante sus ojos absolutamente nada. De pronto tuvo la loca idea de que el que golpeaba estaba dentro de la puerta, como si el agujero cerradura se lo hubiera tragado.
Resuelto a dilucidar aquel misterio, fue rápidamente hacia el garaje. Tomó una barreta, un destornillador y una masa. Nuevos golpes apresuraron su búsqueda. Segado por la rabia y la intriga fue directo hacia la puerta. Con el destornillador sacó la cerradura, metió la barreta en el hueco y tiró con todas sus fuerzas. La vieja puerta cedió y los pedazos de madera volaron por el aire. Desencajado se trepó a los pedazos que colgaban de las bisagras, los arrancó y los revoleó por el pasillo lo mas lejos posible.
Esa noche, ya sin golpes extraños y ante la sorna de los ocurrentes y veloces vecinos que mataban el tiempo jugando al ring raje, Alfredo, ahora con una cortina de tiritas plásticas de colores a modo de puerta; se comió un rico asado cocido con madera de cedro por cierto muy bien estacionada.
Pablo F.Schirliski ( Mar de Ajó 28/01/06)
No comments:
Post a Comment