Sunday, June 10, 2007

Sabía que vendrían

Sabía que vendrían. Nunca supo muy bien como lo supo. Pero aquella mañana, Andrés se había despertado con la certeza de que así sería..
Sin siquiera lavarse la cara, abrió la puerta y salió a la terraza. La niebla apenas le dejaba ver los medanos al otro lado de la calle. Y el mar se hallaba oculto detrás del espeso velo matinal.
Volvió a entrar y mientras calentaba el café, comenzó a planificar que pondría en su bolso. Enseguida pensó en la temperatura de su lugar de destino, y se dijo: ¿allí será invierno o verano? Claro, como saberlo, si nadie jamás habría vuelto para contarlo. Entonces resolvió poner solo la poca ropa limpia que le quedaba. calculando que luego ellos se encargarían del resto.
Llenó la taza con el café bien caliente, y se sentó en la mesa redonda de la cocina de frente a la ventana, tomó su anotador y comenzó a pensar en que podía escribirles, a modo de despedida, a cada una de las personas que mas lo habían querido, Luego de pensar largo rato, reflexionó en que no eran necesarias despedidas de ningún tipo, y que las personas que lo habían querido sabían bien de su amor hacia ellos, y las que no, no les importaría demasiado saber sobre su destino.
Todavía le faltaba dilucidar de que manera se presentarían ellos, o en que vehículo vendrían a buscarlo. La inquietud lo molestaba un poco ya que no sabia tampoco como iba a darse cuenta a donde debía ir y en que momento.
Era extraño por que si bien íntimamente sabía que el viaje iba a ser largo, y que tal vez no volvería, no sentía la congoja de abandonar sus lugares, su gente. Siempre había sido muy conservador, pero en esta ocasión tenía la extraña capacidad de poder desprenderse de todo sin el más mínimo sufrimiento.
Con el correr de las horas la inquietud comenzó a transformarse en temor. Empezó a creer que se olvidarían de él, y no sabía como iba a hacer al día siguiente para poder soportarlo. Por un segundo pensó en la vieja pistola que había heredado de su padre, hacía tanto que no la disparaba que no sabía si funcionaría. Y si cometía alguna locura y ellos solo estaban un poco retrazados?
A lo largo de la tarde, subió y bajó las escaleras del departamento infinidad de veces, dio unas doscientas vueltas a la manzana y caminó en círculos por la terraza casi hasta hacer un surco.
Ya comenzaba a caer el sol detrás de las últimas casas del poblado. La bruma se había mantenido pegada al suelo durante todo el día. Las calles estaban mojadas y la humedad se escurría por las paredes.
Cansado de esperar Andrés tomó el bolso, cruzó la calle y se sentó en la arena frente al mar. La impaciencia y un temor casi incontrolable estaban apoderándose de su alma. El día estaba llegando a su fin, y ellos todavía no habían aparecido.
Hasta que de repente un pasillo de luz se abrió entre la niebla en dirección a la orilla... El supo enseguida que aquello era una señal. Rápidamente se quitó la ropa y corrió a toda velocidad hacia el agua. Al mojarse los pies, en contraste con el frío del ambiente, el mar le resultó tibio. Corrió hasta donde pudo y cuando el agua le llegó casi a la cintura, se zambulló y comenzó a atravesar la rompiente por debajo de las olas. En cuanto percibió que las aguas estaban calmas, se detuvo y miró a su alrededor. Hacia atrás una cortina de niebla había cerrado el camino, ahora el trecho solo se habría hacia delante. Sintió como el mar lo elevaba con una ondulación interminable, y cuando estaba bien arriba, vió al final del pasillo una especie de cúpula semicircular que parecía de acero refulgente que se abría paso desde las profundidades. Estaba lejos pero creyó poder alcanzarla. Nadó con todas sus fuerzas, con toda su alma, con todo su corazón.
Su cuerpo apareció flotando inerte varios días después en la ruta de un guardacostas, unos veinte kilómetros al sur del lugar donde había sido encontrado su bolso junto a un montículo de ropa.
Algunos creen que aquello fue un accidente, otros se inclinan por la idea del suicidio. Yo prefiero pensar que, ni sus pertenencias, ni su cuerpo eran necesarios allí a donde pensaba ir.
Se dice que para tomar la decisión de acabar con la propia vida es necesario tener un coraje especial, también hay quienes creen que solo es cosa de covardes, pero tal vez nadie se ha puesto a pensar en esos extraños mecanismos de la mente. A través de los cuales aquellos que se han ido por decisión propia, han estado convencidos de que alguien los vendría a buscar para llevarlos a un lugar mucho mejor que este.
O a caso ese lugar donde las utopías no son necesarias realmente existe?. Y solo unos pocos han tenido la capacidad de conocer el camino.
Pablo F. Schirliski (Enero 2006)

Detrás de la Pared

Detrás de la pared la gente vive una vida,
Detrás de la pared la gente ama, odia y respira
Con la falsa creencia crucé aquel día
de que todos en mi ausencia se detendrían.
Y me trepé a mirar un poco, la curiosidad me podía,
y me encontré con otros. Con los hijos de aquellos
que otras paredes cruzaron y que ya no vivían

Luego de una charla con alguien muy especial surgio esto....
Pablo F.S. 10/06/2007